martes, 19 de diciembre de 2017

The Ghost Worker. Trabajo Informal en Argentina (2003 - 2017). Vol II. Autónomos (y Economía Popular)

Como se expuso en la primera entrega, el trabajo informal, no registrado o en negro, en empleados o trabajadores en relación de dependencia, no es un estado de cosas totalmente análogo con el de trabajadores autónomos. Si bien comparten la condición de estar por fuera de la seguridad social o sanitaria, el empleado sufre un delito por parte de su empleador, situación que no tiene paralelo cuando hablamos de autónomos o trabajadores por cuenta propia.
De hecho, en la literatura económica, a los trabajadores autónomos que están por fuera de cualquier registro, se los presenta como fuera de la legalidad. Es decir, cometiendo un delito (siempre de carácter impositivo o de propiedad).  
El trabajador por cuenta propia o autónomo es un actor económico que no vende su fuerza de trabajo ni la emplea. Es un trabajador que obtiene ingresos por un capital, producto o servicio que intercambia de manera no fija, como es en el caso de una remuneración regular. Las relaciones económicas son contingentes y no permanentes.
Este tipo de relación económica configura una especie particular de trabajador o actor económico. En Argentina, en los grandes aglomerados urbanos, uno de cada cinco trabajadores, son autónomos (algo así como 2.5 millones de personas). 


El Trabajo Informal (en Autónomos) en Argentina en 2003 - 2017

De las particularidades que se pueden detallar de este colectivo de trabajadores, la que interesa resaltar es la siguiente: es la categoría ocupacional con mayores niveles de informalidad y que engloba a los trabajadores de, lo que ahora llaman, la 'Economía Popular'. Es decir, trabajadores que practican oficios tradicionales y de muy baja calificación e ingresos.
La EPH contempla indicadores para caracterizar empleo informal en empleados. No los tiene, directamente, para caracterizar a los autónomos (como tampoco para caracterizar a los trabajadores de la Economía Popular). Por esta razón, es clave la combinación de distintos atributos que apunten a caracterizar este colectivo (tipo de asociación productiva, nivel de capitalización, tecnología, tipo de lugar de trabajo, nivel de ingresos, entre otros).





Los últimos datos disponibles (EPH - 2do trimestre de 2017) evidencian que la mitad de los trabajadores autónomos son informales (49.3%). Estamos hablando de 1.2 millones de trabajadores, los cuales están 'fuera del sistema'. El nivel de informalidad de los autónomos es 16 puntos mayor al de los empleados.




Si analizamos los niveles de informalidad de estas dos categorías ocupacionales a lo largo de la serie 2003 - 2017, los empleados comienzan la serie con la mitad de trabajadores informales y los autónomos con 6 de cada 10. Esa diferencia de 10 puntos al inicio (2003) aumenta 50% al final (2017). Lo que nos da la pauta que, si bien la tendencia decreciente es constante en los dos colectivos de trabajadores, la informalidad en los autónomos es más rígida a la baja (otra característica). Incluso, la serie permite ver que el descenso es, leve pero constante, hasta 2008; luego las condiciones tienden a ser las mismas hasta la actualidad. Es decir, la informalidad en autónomos no baja desde hace casi 10 años.



Cada categoría ocupacional se distribuye de manera diferencial en términos de rama de actividad. Tienen morfologías bien definidas. Los trabajadores por cuenta propia tienen un nítido perfil comercial y de servicios. También tienen presencia importante en construcción y producción manufacturera. En síntesis, de este colectivo, un tercio vive del comercio, otro tercio de servicios (sociales y transporte), y entre uno y dos de cada diez, de la construcción y la producción de algún tipo de bien.



La apertura por rama de actividad en términos de informalidad (en las actividades con mayor presencia de autónomos) muestra que construcción es (aún más que en empleados) la actividad con mayor nivel de informalidad. En comercio, manufactura y transporte, la mitad son informales, siendo representativos de la proporción general. El perfil productivo de los autónomos es claro, como también sus constantes niveles de informalidad.


Al analizar la trazabilidad de la informalidad que nos permite la serie de 2003 al 2017, vemos, en general, la rigidez a la baja en todas las actividades. También vemos  movimientos extraños en algunas actividades. Construcción (en amarillo) tiene un comportamiento errático, fluctuando de 100% a 0% en varios trimestres. Servicio doméstico (0,4%) no tiene valores hasta el primer trimestre de 2012 cuando empieza a aparecer. Es decir, hasta esa fecha no se relevaban el servicio doméstico como autónomo. Evidentemente estos movimientos se deben a inconsistencias de registro que tiene la EPH.

Si lo vemos geográficamente, los aglomerados urbanos se reparten entre Comercio y Construcción como las actividades por cuenta propia más informales. Solo en CABA se rompe esta dicotomía, con Servicios Sociales.




Se repite el patrón de la mayor informidad en los aglomerados urbanos del norte; NOA y NEA tienen los mayores valores, tanto en Autónomos como en Empleados. Sin embargo, aparecen por primera vez dos aglomerados patagónicos (Viedma y Neuquén)




Como sabemos, los niveles de informalidad son mayores en autónomos que empleados. Pero es interesante ver en qué lugares del país hay cierta correlación inversa entre el no registro de estas categorías ocupacionales. Por ejemplo, Viedma/Patagones, es un aglomerado con muy bajo nivel de informalidad en empleados (Servicio doméstico) y es el segundo que más trabajo no registrado autónomo tiene (70%, Construcción). Otro caso es Formosa, que está por debajo del total en informalidad en empleados (28%, Servicio doméstico) pero tiene 66% de trabajo informal autónomo (Construcción). Neuquén es otro caso análogo. También están los casos inversos (más atípicos), donde hay bajo (o menor) nivel de informalidad en autónomos que en empleados, como Mar del Plata, Concordia o San Juan.



Síntesis

Si se observa las proporciones de trabajo informal en los empleados (75% de la PEA) y en los autónomos (20% de la PEA), siendo de 33.8% en el primer grupo y de 50% en el segundo, en el mercado de trabajo argentino (de los grandes conglomerados urbanos), 37% de los trabajadores son informales.

Es inevitable rematar estos análisis con la diferencia de ingreso (el principal indicador de desigualdad del mercado de trabajo) de las ocupaciones principales de cada categoría ocupacional, de sus condiciones de trabajo (formalidad/ informalidad) y por género.
Dentro de los empleados, los formales ganan, en promedio 54% más. Esa diferencia a favor de los formales, es de 37% en autónomos.
Los varones empleados formales, ganan 21% más que su equivalente femenino. Pero asciende a 34%, también a favor de los hombres, dentro de los informales .
El varón autónomo formal, gana 35% más que la mujer. Casi idéntico porcentaje (36%) en los informales. Se puede ver que en ese colectivo, la informalidad pesa, para explicar la diferencia de haberes, mucho más que el género.





¿Economía Popular?

El mercado de trabajo tiene fisonomías propias de cada contexto socioeconómico. Que en un país haya un tercio de empleados no registrados y la mitad de autónomos en la misma condición, que existan actividades puntuales con proporciones constantes de informalidad, que las ocupaciones tengan patrones de género bien definidos y que existan zonas claras de la geografía nacional donde la informalidad es históricamente mayor (y en otras, menor), son factores que hablan de una parte del sistema social, su mercado de trabajo.

En sus publicaciones, la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP), dice que la Economía Popular (EP) se define como "el conjunto de actividades laborales que el pueblo se inventó para sobrevivir afuera del mercado formal". A su vez, aclara que "no está aislada de la economía global de mercado. Los puntos de conexión son múltiples tanto a nivel de la producción como del consumo". Pero su particularidad es que "la economía popular tiene una característica que la distingue: los medios de producción, los medios de trabajo, están en manos de los sectores populares".

No es el objetivo de este post teorizar sobre la EP. Si bien creemos que no es un fenómeno novedoso, lo es erigirse como sujeto político (mas no económico) y presentarse, autodenominarse como trabajadores, excluidos, pero trabajadores; no piqueteros, no planeros, no subsidiados; como trabajadores, con sus derechos a exigir (sindicato, obra social, salario social, etc). Pero, más allá de su formato político, el colectivo al que apela la EP es histórico y muy identitario de economías periféricas como la de nuestro país. Es decir, siempre hubo EP.

Más que la dinámica de la EP, lo que nos interesa es ver quiénes son, dónde están y qué hacen los trabajadores de la EP. Pero, ¿cómo caracterizar esta población si la EPH no registra directamente este colectivo?

Como explicamos al inicio del post, podemos aproximarnos a este colectivo a partir de algunos indicadores de caracterización de trabajadores que releva esta encuesta. Además de su condición de informal, este colectivo puede empezar a caracterizarse mediante las ocupaciones de los autónomos. La relación entre estos atributos indica que la informalidad es una condición necesaria pero no suficiente de los trabajadores que conforman la EP.


Analizando el CNO (Código Nacional de Ocupaciones - 2001) de los Autónomos, el perfil de este colectivo es claro. Un tercio trabaja en actividades de comercio, directo y callejero, 'los vendedores'. Uno de cada cinco trabaja en construcción, 'albañil'. También uno de cada cinco produce bienes manufacturados y en reparación de bienes de consumo. Un 5% trabaja en transporte y un porcentaje similar trabaja en servicios de 'cuidado de personas'.
Pasando en limpio, los autónomos trabajan en comercialización directa (persona a persona, kiosko, despensa, venta en general, etc), son albañiles, en la fabricación de productos (venta indirecta), en la reparación de bienes ('el técnico'), en transporte (remiseros, choferes, motoqueros) y personas que cuidan personas (cuidado de la tercera edad, niños, entro otros).



¿Cómo vincular a las ocupaciones de los trabajadores por cuenta propia con la EP? Si la CTEP define al colectivo de los trabajadores de la EP como 'los excluidos del sistema', una condición debiera ser que, en su totalidad, como dijimos, sean trabajadores autónomos informales. Entonces, al ordenar las ocupaciones por nivel de informalidad, vemos que la inmensa mayoría de la venta callejera y ambulante, la construcción, la reparación de productos, los servicios varios (changas) y la gastronomía, son los ocupaciones con peores condiciones de trabajo.

Entonces, estas ocupaciones (oficios) abren el interrogante de si toda ocupación pauperizada estaría dentro de la EP, o bien qué oficios de la EP son característicos, y por ende, son solo los que poseen la mínima capitalización, tecnología, ingreso y formación. Esa es la gran duda al encarar el tema, develar, recortar de manera nítida a qué actividades laborales nos estamos refriendo al apelar al termino EP.

La CTEP hace su recorte de oficios. Habla de 'oficios tradicionales' dentro de la (su) población de trabajadores autónomos. Estos oficios son, a grandes rasgos, verduleros, panaderos, mecánicos, albañiles, taxistas, vendedores, enfermeros, técnicos, etc. Dentro de este grupo, dicen, están los 'rubros de supervivencia', que son los oficios que serían característicos de la EP, los 'oficios populares'. Y éstos son los campesinos, cartoneros, vendedor ambulante, artesano, feriante, motoquero, obrero de empresa recuperada, trabajadores domésticos y del cuidado, costureros, limpiavidrios, transporte informal, construcción, mejoramiento del hábitat y microemprendimientos.

Si nos basamos en las ocupaciones con mayores niveles de informalidad y que, temáticamente, tengan que ver con el universo laboral de la EP (el comercio, la construcción y servicios sociales varios), probablemente estemos cerca de recortar de manera válida y fiable a este colectivo. Entonces, a estos oficios característicos, le podemos adosar atributos que contribuyan a preformar un estado de situación en torno a los mismos: 
  • el lugar donde se realiza esa tarea (en la calle, domicilio propio o de clientes -no siendo lugares concebidos inicialmente como ámbitos productivos o laborales-
  • si esa unidad productiva que conforma (si fuese el caso), es una asociación convenida de palabra carente de formato legal o jurídico
  • si esa actividad que desarrolla (si fuese el caso), es una actividad productiva familiar
  • si en esa actividad carece de local, vehículo o maquinaria propia
  • si, además de su actividad, su ingreso se complementa con un 'plan'



Si tomamos los primeros 10 oficios más representativos del recorte antes mencionado, y que a su vez, cumplan al menos uno de los indicadores que proponemos para su 'popularización', de la población de autónomos informales, el 84.6% (968.527) pertenecerían al universo de la EP.


La proporción de trabajadores de la EP, dentro de los autónomos informales, es muy alta. Vemos que prevalece el perfil de actividad: comercio, construcción y producción de bienes y servicios. Lo que cambia es el oficio en sí y, claro, las condiciones de trabajo. En la última columna a la derecha de la tabla superior, se puede observar la incidencia, en cada oficio, de los indicadores de caracterización de la EP. Allí también es altísima.




La mitad de este colectivo de trabajadores reside en el Gran Buenos Aires. En la inmensa mayoría de los aglomerados urbanos del país, los oficios mas prevalentes son los asociados a la construcción y a la comercialización directa y callejera.

Este recorte (exploratorio, desde ya), dentro de universo de autónomos informales, de los trabajadores de la EP, nos muestran algunos factores característicos del mercado de trabajo local: los trabajadores autónomos tienen un perfil menos diversificado que los empleados, la mitad no tienen ningún tipo de cobertura previsional ni sanitaria y, de esta mitad, la inmensa mayoría pertenece al colectivo de la Economía Popular. Colectivo, éste, que se caracteriza por oficios de muy baja calificación, tradicionales, y con la peores condiciones de realización.
Como expusimos al principio de esta sección, la EP no es un fenómeno novedoso ¿Por qué los trabajadores de la EP, entonces, resultan un colectivo de especial atención? Básicamente porque lo novedoso es su conformación como actor político que juega en el concierto de los gremios (con la CTEP como eje principal), que presiona (podríamos decir que es el único grupo que obtuvo un acuerdo beneficioso, vía Ley de Emergencia Social - 27.345, con la coalición gobernante), que negocia y que sus demandas, de resultar realizadas, pueden dar lugar a un nuevo actor económico nunca antes conocido, un trabajador autónomo, de oficios poco calificados, pero que posee las garantías de un trabajador (empleado) formal.


lunes, 13 de noviembre de 2017

The Ghost Worker. Trabajo Informal en Argentina (2003 - 2017). Vol I

El trabajo informal, también nominado y conocido como no registrado, precario o 'en negro', es un fenómeno típico de la articulación de la experiencia capitalista en esa organización mitad anárquica, mitad regulada, llamada mercado de trabajo. Pero es un fenómeno particularmente presente e identitario de las economías y sociedades emergentes, en desarrollo o periféricas. En algún punto, el nivel del trabajo informal habla de la sanidad de cada mercado laboral.

El trabajo informal (TI) o no registrado, básicamente es el ejercicio productivo por fuera de cualquier regulación, registro o sistema legal estatal. Dentro de las categorías ocupacionales mediante las cuales el estado clasifica a los actores económicos y unidades productivas, existe este fenómeno tanto en los trabajadores autónomos como en los empleados o trabajadores en relación de dependencia
Sin embargo existe una diferencia importante. Y esa diferencia radica en la verdadera grieta dentro de una sociedad: la tenencia (o no) de capital. El trabajador autónomo administra, explota algún tipo de capital propio. Su condición de no registrado se da por su ausencia en cualquier régimen tributario en el ejercicio de su actividad comercial. 
El trabajador en relación de dependencia, justamente al depender de una relación con el capital ('depender' y no 'cooperar' como dice el borrador de la reforma laboral de la coalición de derecha gobernante) y sólo teniendo su fuerza de trabajo, al ser un trabajador informal, es víctima de un delito por parte de su empleador (tenedor del capital). El delito se da en no cumplir con la legislación laboral vigente, que consiste en transferir las cargas sociales de sus empleados (aporte al sistema previsional, obra social, vacaciones, etc), tal como dicta la ley.

En el mercado laboral argentino, 3 de 4 trabajadores son empleados, es decir, en relación de dependencia. Sobre esta población vamos a analizar los niveles de informalidad en esta primera entrega.

El Trabajo Informal en Argentina en 2003 - 2017

Para este trabajo se ensamblaron las bases de la EPH (Encuesta Permanente de Hogares) del tercer trimestre de 2003 al segundo trimestre de 2017 (último disponible). El corte temporal empieza en 2003 porque en ese período se da el cambio de EPH Puntual a EPH Continua, estableciendo una estructura de datos relativamente estable y comparable. 
La serie contempla (en esta primera entrega) son datos de la población empleada en relación de dependencia en el período comentado, exceptuando el segundo trimestre de 2007 y el tercer y cuarto trimestre de 2015 y el primer de 2016. En 2007 la ausencia se debe a la huelga de los trabajadores del INDEC y en 2015 y 2016 al denominado 'apagón estadístico' de la actual gestión. En ambos casos, las bases de datos de la EPH no están disponibles en el sitio del INDEC para su descarga. 





El trabajo informal no es un dato oficial en un sentido estricto. Es decir, no existe como con la inflación, el desempleo o la pobreza, una comunicación oficial de sus niveles. Sí puede calcularse a partir de una fuente de datos oficial (la única que lo registra, la EPH). El Estado registra un dato, pero no lo comunica. Comúnmente lo que se comunica, indirectamente o por otros medios, es la proporción de trabajadores en relación de dependencia que no registran aportes previsionales por arte de su empleador (aunque hay una batería de indicadores para caracterizar el TI que registra la EPH, más completa y donde ese número crece sin dudas). 
Si analizamos la serie completa, en el año 2003 casi la mitad de la población de empleados en relación de dependencia (recordemos, 3 de cada 4 integrantes de la PEA) eran trabajadores informales (48.9%).



El nivel de trabajo informal del segundo trimestre de 2017, último dato publicado, es de 33.8%. Si tomamos la serie completa, el trabajo informal baja sostenidamente 12 años (2003 - 2015). Si tomamos el inicio de la serie como base, al segundo trimestre de 2015 (último dato disponible antes del INDEC-OFF, la baja es de 17 puntos.


Radiografía del Trabajo Informal

Si bien en la última década el TI ha disminuido significativamente, en Argentina hoy uno de cada tres asalariados no está registrado. Ese tercio de trabajadores no sólo no cotiza en la seguridad social y es víctima de un delito al no tener sus derechos laborales ejercidos, son trabajadores 'invisibles' para toda estadística que este por fuera del registro de la EPH. De los trabajadores informales muy poco se sabe, no figuran en ningún tipo de registro de accidentabilidad del trabajo o de incidencia real en los tipos de actividad. Sí se sospecha, a partir de estimaciones, que son los que menos ganan, los que peores condiciones de trabajo tienen y que están focalizados en algunas actividades. Son, en un sentido lato, trabajadores fantasmas.





Aquí es donde toma vital importancia la EPH como único registro de este colectivo. A partir de esta fuente de datos, podemos estimar caracterizaciones algo más específicas que lo que suele comunicarse (la cantidad de trabajo informal). En el gráfico de arriba, se pueden comparar las proporciones, por rama de actividad, de los trabajadores (registrados, obvio) asalariados que comunica el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (9 millones de asalariados registrados) y los estimados por la EPH (total, formales e informales; ampliados, 8.5 millones de asalariados). Las diferencias pueden residir, justamente, en que la EPH toma casos de actividades con gran incidencia informal que el ministerio no puede hacerlo. La Construcción es un caso testigo; al tener importantes niveles de informalidad, la proporción que comunica el ministerio es menor a la real del mercado laboral, que sí puede estimar la EPH.

Negreros

Si bien, como dijimos, el TI es un fenómeno característico de las economías emergentes, como todo hecho social, su manifestación es compleja y asincrónica. La apertura por rama de actividad brinda información de alguna regularidad.
Para este tipo de análisis, se recodificaron las actividades según el CAES (Clasificación de Actividades Económicas para Encuestas Sociodemográficas del MERCOSUR) de cuatro dígitos al CIIU (Clasificación Internacional Industrial Uniforme) a un dígito. De este modo se reducen las actividades a 10 (son 9 pero se agregó Servicio doméstico, aprovechando que la EPH lo registra).



La serie nos muestra, dentro de una tendencia sostenida decreciente, los distintos niveles de informalidad por rama de actividad. Teniendo en cuenta que la EPH es una encuesta por muestreo en grandes centros urbanos, algunas actividades pueden estar subestimadas (agricultura principalmente).




Indudablemente la actividad es un factor fundamental para explicar algunas tracciones que expliquen el fenómeno de la informalidad dentro del contexto local. El Servicio doméstico, según los últimos datos publicados, es la actividad con mayor incidencia de empleo informal (75%). Es preciso recordar que el inicio de la serie (2003), tenía alrededor del 95%. Cabe destacar que el gobierno anterior, durante este período, había generado varias políticas para incentivar al blanqueo de este colectivo. Pocas políticas públicas necesitan menos estudios de impacto que estas campañas. Pequeña burguesía, divino tesoro. 
Construcción tiene a 3 de cada 4 trabajadores no registrados. También es un dato esperable (por esta razón está proporcionalmente recontra subestimado por el MTySS).
Agricultura, Comercio y Transporte rozan los 40 puntos. Las siguientes actividades están por debajo del total (que no es bajo). También es preciso señalar que el TI es mayor en unidades productivas de menos tamaño, bajando a medida que aumenta el tamaño de la nómina del empleador.




Otra manera de caracterizar este colectivo es a través del ingreso. El promedio de salario de cada actividad, segmentada según la formalidad o informalidad muestra diferencias notorias y significativas. Si vamos al extremo inferior (Servicio doméstico, claro) de salario, el grupo informal percibe 'sólo' la mitad que el formal. Pero si se observan los promedios de las demás ramas, la diferencia de ingresos percibidos es hasta tres veces mayor para los grupos formales dentro de la misma actividad.
Si analizamos los salarios por género, las mujeres ganan, a mismas condiciones, hasta un 30% menos que los varones. Los informales, hasta un 300% menos. El mercado laboral local es lo menos políticamente correcto que existe (aunque si lo abrimos por género, seguro que ellas van a ganar menos todavía).

En el segundo trimestre de 2017, el trabajo informal en la población de empleados (relación de dependencia) es de 33.8%. Siendo 31.8% para los varones y 36.2% para los mujeres.
Las actividades con mayor presencia femenina son Servicio Doméstico (99%), Servicios Sociales (55%) Servicios Financieros (49%), Comercio (40%) e Industria/ Manufactura (25%). Si vamos al trabajo informal, las mujeres mantienen esa diferencia en Electricidad, gas y agua, 13% y 17%, en Comercio, 35% y 40%, pero la estiran en Industria/Manufactura, 19% en varones  y 33% en mujeres, en Servicio financieros, 45% y 65% respectivamente. En Servicio doméstico, la totalidad de las informales son mujeres.
En la división por rama actividad de las mujeres empleadas, 1 de cada 5 (20%) es empelada doméstica. Pero en la totalidad de empleadas informales (ese 36%), casi la mitad de este colectivo (44%) lo aporta el empleo doméstico.

Si vamos al promedio de los ingresos de la ocupación principal que releva la EPH, en la totalidad de empleados, los varones ganan un 26% más que las mujeres (15.100$ vs 11.100$). Dentro del colectivo de empleados formales, esa diferencia se achica al 21% (17.700$ vs 14.100$). Pero si vemos a la población de empleados informales, la diferencia es del 34% (9.000$ vs 5.900$).

Si analizamos los deciles de ingreso de la ocupación principal, más de 7 de cada 10 mujeres empleadas están en el primer decil (menores ingresos). Son el 40% en el decil 5 (ingreso medio). Y son 3 de 10 en el decil 10, el de mayor ingreso de los empleados.



Por lo tanto, y sin distinción de actividad, no es extraño constatar que los asalariado informales son los que mayor presencia tengan en los mas bajos deciles de ingreso, incluso más acentuado que la segmentación género.




El mapa de los Aglomerados urbanos de la EPH muestra claramente como el TI experimenta sus valores más elevados en las provincias del NOA, Mendoza y Concordia. Por ejemplo en Salta, Tucumán y Santiago del Estero, casi la mitad de la PEA en relación de dependencia es informal. La Patagonia es la región con menos TI (obviamente por el tipo de actividad preponderante en esa zona, las actividades englobadas en minería y afines, explotadas por grandes empresas).




Algo importante, o al menos claro, es ver que el TI en cada aglomerado urbano (es decir, en todo el país) tiene un patrón claro: El Servicio doméstico y los Servicios sociales (Construcción solo en La Plata y Resistencia) son hoy las actividades con mayor proporción de TI.
Sería interesante bucear al interior de cada actividad a un dígito (máximo nivel de agregación) para ganar mayor poder descriptivo y explicativo en términos geográficos. El caso de Servicio Doméstico o Construcción es más claro, dado que son actividades en sí mismas (y es indudable su patrón de informalidad en Argentina). Pero Servicios Sociales, la otra actividad 'negrera', es un conjunto que engloba muchas actividades, si bien temáticamente correspondientes, muy diferentes y que apelan a espacios y sociedades productivas muy diferentes.
La idea de esta entrega y las siguientes, es seguir evidenciando un fenómeno cultural, social e ilegal del mercado laboral local y, fundamentalmente, sobre la población de trabajadores informales, de modo que sea un colectivo cada vez más visible y ese delito que sufren, más notorio.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Esquivando charcos. Las Cuencas Metropolitanas

Las Cuencas Metropolitanas

Si tuviésemos que expresarlo de alguna manera figurativa, podríamos decir que la mayoría de las personas de este país, pisa agua. Es decir, gran parte de la población reside en las cuencas metropolitanas de CABA y el conurbano bonaerense.


Lo que denominamos Cuencas Metropolitanas, son las 12 cuencas que se sitúan, como dijimos, en AMBA, más algunos partidos bonaerenses al sur y al oeste de la capital. Estas cuencas alcanzan algo menos de 9.000 km2 de superficie. Representan menos del 3% de la superficie de la provincia de Buenos Aires y CABA.
Las cuencas metropolitanas, son Radio Antiguo, Vega, Erezcano, Ochoa, Maldonado, Boca/Barracas, Cildañez, Medrano, Del Plata (Sur), Matanza-Riachuelo, Reconquista y Luján.


Sin embargo, en ellas residen el 85% de la población de estas dos jurisdicciones
Como expusimos en posteos anteriores, en las cuencas metropolitanas se materializan todos los fenómenos urbanos que ya hemos trabajado en este sitio: la distribución demográfica, la hiper densidad poblacional, la contaminación de los arroyos y las cuencas, la deficiente infraestructura sanitaria, la pobreza y las inundaciones.


Resultaría poco sensato analizar las condiciones antes expuestas, en todas las cuencas metropolitanas. La razón es sencilla: en ellas viven la totalidad de las personas del AMBA y las diferencias que podríamos encontrar en otras divisiones geográficas, se perderían.
En todo caso, sí es importante conocer las cuencas metropolitanas como también lo que supone que dentro de las mismas se desarrolle el fenómeno urbano, demográfico y productivo más importante (y caótico) de Argentina. 
Qué supone que, en un territorio plagado de cuencas, exista esta trama urbana? Decididamente, la modificación del entorno natural, impacta en el equilibrio hídrico que existe en las cuencas. Al modificarse los cursos naturales de recorrido hacia el Río de la Plata y, mediante la edificación descontrolada, la capacidad de absorción genera una menor tolerancia superficial ante períodos de lluvia.
En síntesis, empezamos a escuchar con mayor frecuencia de zonas que se inundan. Sin entrar en galimatías de cambio climático, hoy, el manejo de las inundaciones en las cuencas metropolitanas, es un problema de índole gubernamental.


Las cuencas engloban a 15 millones de personas. 5 de ellas corresponden exclusivamente a CABA y las restantes comparten jurisdicción o son exclusivas de la provincia de Buenos Aires. 
La densidad poblacional de algunas (las de CABA principalmente) es altísima. Las cuencas de Radio Antiguo, Vega, Erezcano y Maldonado, van de 26 mil a 18 mil personas por km2. Como también hay cuencas como la Del Plata, Matanza - Riachauelo o Reconquista, donde viven entre 2 a 4 millones de personas.


Cuando encaramos el tema de las cuencas metropolitanas, vamos descubriendo que en cada cuenca existen problemáticas puntuales pero también comunes, como antecedentes de inundaciones cada vez más recurrentes, modificaciones sustanciales de la estructura urbana acelerada en los últimos años, así como signos notorios de obsolescencia en las redes hídricas y corredores.
Si algo recogemos como conclusiones de estos estudios, es la recomendación de una urbanización algo más racional y planificada (cuestión imposible en AMBA) así como la recuperación cartográfica de los flujos naturales de las cuencas. La contemplación y respeto de estos mapas naturales ante la edificación, mejoraría notoriamente el poder de absorción y recorrido del esqueleto de las cuencas. De este modo no sería un territorio tan vulnerable a las inundaciones y así evitaríamos andar esquivando charcos, como hacemos cada tanto.

Como siempre sostenemos, los mapas son necesarios para abordar una temática social o urbana. No encontramos las cuencas metropolitanas bonaerenses mapeadas como insumos para trabajos o investigaciones. Va nuestro aporte.


sábado, 6 de mayo de 2017

Del campo metropolitano a su mesa. El Cinturón Frutihortícola platense

El Cinturón Futihortícola (CFH) platense o de La Plata es un territorio productivo que atraviesa tres partidos de la zona sur metropolitana. Esta zona de producción primaria, originalmente platense, se sitúa en el este y sudeste del partido de La Plata y en los partidos de Florencio Varela y Berazategui. El CFH ha mutado en extensión, composición, forma de administración de la tierra (y el régimen de propiedad) y colectivo productivo a lo largo de los años.


El CFH platense se configura como zona productiva concomitantemente al nacimiento de la capital provincial. Primero con colectivos de migrantes europeos (italiano y portugueses) que reproducían las formas de cultivo de sus lugares de origen. Con el tiempo las condiciones de producción del Cinturón fueron cambiando hasta conformar la morfología actual; una zona de producción y cultivo intensivo de hortalizas y frutas de año entero, bajo el formato exclusivo de invernáculos. El colectivo migrante que tomó la posta de los originarios y preformaron este manera de producir, son los bolivianos.




El CFH platense se encuadra dentro del Area Frutihortícola bonaerense, siendo su Cinturón más importante en producción. Según datos de un informe de la Facultad de Económicas (UNLP), en 2010 el CFH platense produjo 138.407 toneladas, siendo el 72% de la producción regional. Lo característico del Cinturón platense, es que se conjugan factores como los naturales y la planificación del territorio, en contra posición al desordenado desarrollo demográfico de la zona metropolitana bonaerense.

El CFH platense, por capacidad y ubicación estratégica (al 'margen' de AMBA), es el principal proveedor de frutas y hortalizas a la zona metropolitana central. Existe una alta probabilidad de que en cualquier verdulería de CABA o cualquier partido del Conurbano bonaerense, si compramos tomates, o acelga, éstas provengan del CFH platense.




En algunas publicaciones podemos leer que el CFH platense produce el 70% de las hortalizas y frutas que se consumen a nivel nacional. También, que en sus casi 300 km2 (trazando el cinturón como un área continua, sumando aglomeraciones y no necesariamente sólo el área cultivada -lo que nos daría una forma de archipiélago), está el 60% de los invernáculos del país. Es interesante el lugar que tiene el CFH platense, ubicado al borde de AMBA, dándole un papel estratégico.




Los informes nos dicen que los tomates (el 'tomate platense' es la estrella de la zona, hortaliza con una interesante historia, de la mano de los migrantes originarios del cinturón), el pimiento, la acelga, el alcaucil y el bróccoli, son los productos de mayor salida de esta zona. 
Más allá de la notoriedad que ha ganado con los años el CFH, es interesante observar algunos fenómenos que se desprenden de ello y que han ayudado a configurar su actual conformación. De una original estructura propietaria extensiva, hoy lo más común es la estructura arrendataria, modificando la relación de propiedad de la tierra.
Al ingresar los migrantes, principalmente bolivianos, le imprimieron una identidad de organización productiva (la agricultura familiar) que no era muy común en esta zona y que posee implicancias productivas como también contrarias a la legalidad (denuncias de trabajo infantil, esclavo, etc). Esta zona nuclea entre 10 mil y 12 mil trabajadores.
La modalidad de cultivo intensivo mediante invernáculos, además del efecto de maximizar la productividad de los campos (o unidades familiares, en algunos casos, medianas y pequeñas), genera un impacto ambiental al reducir la capacidad de absorción el suelo, aumentando la probabilidad de inundaciones. También, por la modalidad intensiva de producción, el uso de agroquímicos es elevado. 

Dos sucesos recientes tienen (o tendrán en el corto plazo) efectos sobre el Cinturón. Uno, es el temporal que ha sufrido la zona en febrero. Los daños causados a los productores han impactado en la comunidad agrícola pero también en la cosecha y en la capacidad de abastecimiento. El deterioro de las unidades productivas fue inmenso y todavía no hubo respuesta del gobierno provincial. Dos; hace unos días (2 de mayo), mediante el decreto 302/17, el gobierno nacional eliminó la Secretaría de Agricultura Familiar, área destinada a apoyar y fomentar a las pequeñas producciones agrícolas familiares, minifundistas, campesinas o indígenas. Otro golpe a las economías regionales. (https://notasperiodismopopular.com.ar/2017/05/03/gobierno-elimino-secretaria-agricultura-familiar/).

Como sucede en muchos temas, la información no abunda, es parcial, está atomizada y no está actualizada. Ni hablar de la disponiblidad. Buscando sobre este tema, pueden encontrarse informes, publicaciones y distintos tipos de notas. Es complejo consolidar y darle unicidad lógica (y empírica) a estos datos. Aunque la tarea es pesada, puede hacerse. Sin embargo, lo que no existe (por lo menos no disponible), es un trazado, un mapa de lo que sería el mentado CFH platense. Este post (y el mapa que está debajo), busca contestar una pregunta muy escuchada hace tiempo: "¿Sabés dónde se puede conseguir un mapa del Cinturón Frutihortícola de la Plata? No encuentro por ningún lado". Bueno, como siempre decimos, socializa es la tarea.





Algunos datos sobre el CFH platense para este post, fueron sacados de estos informes:
https://labs.ing.unlp.edu.ar/uidic/.../LOGISTICA%20DEL%20CHP%20(2016).pdf
http://www.econo.unlp.edu.ar/uploads/docs/caracterizacion_productiva_regional__la_plata___berisso___ensenada.pdf.
 http://revista-theomai.unq.edu.ar/NUMERO%2023/3_GarciaMati_35-53_.pdf.

viernes, 27 de mayo de 2016

Aumento de Tarifas. La racionalidad de los justos

La cuestión energética doméstica

Aumento de tarifas, quita de subsidios; a la postre es lo mismo. El actual gobierno inauguró un proceso de aumento en los servicios públicos de energía domésticos (agua de red, gas de red y electricidad). Las razones para tal proceso son diversas. Aunque no son tópico de este post, son discutibles desde varios ángulos. 
La idea de este post colisiona con el procedimiento indiscriminado de aumento de las tarifas. Colisiona porque propone un esquema racional de aumento/quita de subsidio de tarifas (asumiendo ésto como inevitable). Esquema racional porque discrimina la magnitud del aumento tomando en cuenta diversos factores de lo que podríamos denominar la 'realidad social'



Nada está claro cuando intentamos dimensionar y capturar algún criterio sobre el que se basan los últimos aumentos de tarifas. No se explica, no se comunica. Sí hay números, porcentajes dando vueltas con incrementos inauditos. También hay explicaciones triviales por parte de los funcionarios del ejecutivo nacional, apuntando a la imposibilidad de contemplar 'la casuistica' de cada hogar para que el esquema de aumentos no sea más regresivo de lo que es.

Alternativo a ésto, creemos que sí se puede pensar y poner en función un esquema que discrimine los aumentos. De hecho, hay elementos para pensarlo y datos para hacerlo. El esquema actual, sin ser claro (ni público) en sus valores y parámetros, ha generado aumentos que no parecen tener ningún criterio, salvo las escalas de consumo energético. Esto último, es un indicador sesgado si se pretende otorgar algún tipo de criterio racional (y justo) a los incrementos.

Entonces, qué parámetros pueden ser pensados y deberían ser tomados en cuenta cuando se pretende aplicar un maco racional de aumento o quita de subsidio en las tarfias de los servicios públicos de los hogares? Primero, el nivel socioeconómico de los hogares residenciales. Segundo, los factores estructurales y ecológicos de la red de servicios energéticos. La realidad y relación entre estos factores puede otorgar un reacomodo de valores más racionales a los actuales.

Afinando el lápiz

El cimbronazo que generó la estampida al alza de las tarifas, evidenció estados de cosas estructurales, conocidos aunque siempre solapados, como la asimetría regional de tarifas, de subsidios, la relación costo de tarifa/ salario, la falta de inversiones y capacidad de infraestructura instalada a lo largo del país, etc. 



El aumento del precio de las tarifas, consecuencia de un 'acomodamiento de tarifas según valores actuales de mercado' o a una quita de subsidios por parte del Estado nacional, nunca fue explicado, sino luego del impacto (y la repercusión) que este aumento tuvo en los hogares. Luego se pudo ver que no existió criterio racional en la distribución del precio de la tarifa.
Esta desigualdad tarifaria, previa y actual (pero con incremento), se apoya en una estructural. Si analizamos los datos del CNPyV 2010 respecto a los hogares (de radios censales urbanos) con agua y gas de red, no sólo se puede ver una notable variabilidad en cada provincia y región del país, también ésta se aprecia al interior de cada ciudad o urbe
En términos generales, en promedio, algo más de 9 de cada 10 hogares tienen agua de red. Pero esta proporción baja a la mitad de los hogares cuando hablamos de suministro de gas por red pública (recalcando que hay 4 provincias donde el gas natural de red no existe).




Este déficit en la capacidad de infraestructura instalada no solo indica la ausencia total de inversión por parte de las prestadoras (con el agravante de que las nuevas redes son pagadas por los consumidores pero apropiadas por las empresas) junto con la nula injerencia estatal, indica también una estructura doméstica de consumo diferencial y, por ende, también de gasto. 
Un hogar sin provisión de agua de red, es un hogar que debe procurarse la misma de un modo alternativo. En los radios urbanos, la inmensa mayoría de los hogares sin agua de red, se abastece con perforaciones a las napas. Estas perforaciones son por medio de extracción eléctrica, resultando un gasto promedio obligado mayor de energía eléctrica. En la zona metropolitana (la más poblada del país) este fenómeno es muy común (y hasta mayoritario a medida que nos alejamos de CABA).



Otro fenómeno complementario (y más recurrente a lo largo del país y no sólo en el área metropolitana de Buenos Aires) es la situación de los hogares sin red de gas natural. La ausencia de gas de red en un hogar, evidencia un recargo doble en el gasto doméstico de los servicios, dado que, por un lado, sobrecarga el consumo eléctrico al tener la necesidad de suplir la falta de gas (calefacción, cocina, etc) y por otro, en muchos casos obliga a los hogares a adquirir gas envasado, siempre más caro y de poca durabilidad.
Según datos del último censo, casi 4 de cada 10 hogares en Argentina utiliza garrafa para cocinar, alcanzando el total de los hogares en algunas regiones y zonas. 
Ésto no solo es un indicador de la escasísima extensión de la red de gas a nivel nacional, también indica la doble penalización a casi la mitad de los hogares por el precio (siempre abusivo) del gas envasado (todos los intentos gubernamentales de subsidiar una 'garrafa social' han fracasado) y el aumento tarifario de la electricidad, la principal fuente energética doméstica de estos hogares (que nunca viene mal recordar y repetir que son el 37.5% de los hogares).



En síntesis, estas situaciones de falta de provisión de agua y gas de red, hacen que los hogares (como vemos, muchos, y en algunas zonas, la mayoría) sean electrodependientes, con una sobre demanda de electricidad que un hogar urbano tipo. Este tipo de situaciones, hasta donde sabemos, no son contempladas en el nuevo esquema de tarifas. Desconocer esta situación (repetimos, conocida, y muy común en algunas zonas del país) no hace otra cosa que hacer más regresivo aún el nuevo esquema de tarifas.




Otro factor que debiera ser tenido en cuenta para generar una estructura racional de aumento, es el nivel socioeconómico de los hogares. No existe mejor indicador (por lo menos, no uno tan directo y que sintetice tantos atributos y que clasifique y proyecte una posibilidad de pagar por un tipo de consumo) para diagramar un esquema justo que uno que posibilite dimensionar el poder real de pago de servicios de un hogar
En las comunicaciones que oficializaban los aumentos de las tarifas, el criterio explicado para los tramos porcentuales de los incrementos (además del incremento de la unidad por eliminación del subsidio), son las unidades de medida de consumo (kilovatios o m3) medidas en tramos o rangos (más consumo, más caro). Por las razones que explicamos antes (los niveles estructurales de 'electro dependencia'), los niveles de consumo no son indicadores válidos de un esquema de aumento racional o progresivo.

Estos dos factores combinados, el nivel scioeconómico de los hogares y los niveles de infraestructura de servicios instalada, funcionarían de manera confiable al momento de pensar un modelo escalonado de aumento (o retiro de subsidio) de tarifas. 
Otro atributo positivo de utilizar estos indicadores en un modelo sintético, es la propiedad de 'equilibrio' que poseen los índices (instancia relevante si trabajamos sobre un territorio). Es decir, en un continuo de valores, un hogar va a estar situado según sus proporciones aditivas (su NSE y nivel de infraestructura de servicios). Siendo esquemáticos: un hogar en un radio censal con bajo NSE pero con alta proporción de infraestructura de servicios, debiera pagar menos que un hogar de un radio con los mismos niveles de infraestructura instalada (agua y gas) pero con un NSE mayor. Lo propio corre para un hogar con alto NSE pero sin agua y gas de red (como podría ser una vivienda de un barrio privado) en relación a un hogar con las mismas deficiencias de infraestructura pero con un NSE bajo (vivienda en un 'barrio humilde').
Estas situaciones nos muestran que los déficit de infraestructura en obra de servicios, no tiene que ver, necesaria o mecánicamente, con zonas de bajo NSE y viceversa. Por eso es tan importante hacer inteligencia de datos de este tipo, para que resulte un esquema, lo repetimos una vez más, lo más progresivo posible.


Modelizando la equidad - IRAT (Índice Racional de Aumento de Tarifas)

Proponemos un modelo resolutivo, claro, abarcativo a nivel nacional, construido con datos de acceso público, donde los gradientes de aumento se pueden operacionalizar y ordenar por radio censal (sin necesidad de la mentada -complicada y burocráticamente absurda- 'casuistica' esgrimida por funcionarios gubernamentales). Los rangos de aumento de tarifas se pueden sumarizar en distintas escalas; regionalmente, por provincia, por aglomerados urbanos y, finalmente, por radios censales al interior de cada ciudad.

El modelo es un índice aditivo que contempla el nivel socioeconómico (NSE) de los hogares de cada radio y los niveles de infraestructura instalada de agua y gas de red. Resulta un score que indica una propensión real al pago racional de un aumento de tarifa. Para hacerlo gráfico, se dividió el score se normalizó en deciles de aumento (la escala es teórica).
 

En AMBA es claro el patrón de aumento escalonado. CABA es la jurisdicción donde debería recaer la mayor proporción de aumento de tarifas domésticas, por promedio de NSE e infraestructura instalada. Paradójicamente, ha sido parte de la región con mayor nivel de subsidios en tarifas. A medida que nos alejamos de la capital, los niveles de aumento disminuyen al disminuir el NSE y la infraestructura relativa a servicios.
Si sumarizamos por provincia este score de aumento, CABA y las provincias patagónicas serían en las que más deberían aumentar las tarifas. Las del norte, fundamentalmente NEA, donde menos debería recaer el incremento.
Pero como la idea es maximizar el criterio racional, los cálculos del score se realizaron a nivel radio censal, de manera de racionalizar con mayor profundidad el esquema de aumentos. Dentro de una urbe se puede discriminar territorialmente este esquema, porque el espacio es heterogeneo.
Algunos ejemplos del IRAT en urbes del pais.
   
 
Como cierre.
Puede pensarse un modelo más equitativo de asignación de aumento o quita de subsidio de las tarifas de energía domestica? Ya vimos que sí. En este sitio hay una propuesta.
Es un procedimiento complejo o costoso? No. Datos públicos. Estadística y SIG (pública) básicos.
Es un modelo válido y confiable? Es decir, realmente incide en el reparto discrecional progresivo del aumento tarifario? Tenemos elementos para creer que sí.
Sería muy compleja su aplicación? Para nada.
Existiría voluntad para aplicarlo? Este sitio no puede responder esa pregunta.